La visita del Papa Francisco es la segunda que realiza un Pontífice a Chile, han transcurrido más de tres décadas y el Chile que visita ha sufrido profundas transformaciones, las expectativas y los dilemas son distintos. A tras queda la imagen de Juan Pablo II franqueado por el dictador, de los encuentros eclesiales donde el pueblo junto a la iglesia clamaba por democracia, justicia y fin a los atropellos de los derechos humanos.
Es otro Chile y otro Papa; un país con una democracia más sólida que busca avanzar hacia el bienestar más integrado superando el reduccionismo económico, un Pontífice Latino Americano, con un acento latino y con una biografía marcada por las contradicciones y postergaciones que afectan a bastos sectores de la población de América.
Su visita a la Región de la Araucanía es un gesto claro, que denota su agenda y su visión que generan expectativa y debate. Por cierto, su opción por la economía de la comunión, su crítica al reduccionismo de la vida social, cultural y espiritual de la vida humana a la lógica material y el mercado no deben pasar desapercibidas.
El Papa Francisco recorrerá una región desgarrada desde hace más de 500 desde que el conquistador ingresó al territorio Mapuche con la espada y la cruz, un territorio fracturado por la instalación tardía y avasalladora del Estado de Chile que impulsó la colonización sobre tierras indígenas con títulos de merced y otras obtenidas a través de la violencia del engaño.
En un Estado laico nadie puede esperar que un líder religioso resuelva los problemas centenarios que la sociedad no ha podido resolver, pero es una oportunidad para visibilizar la gravedad del conflicto y la necesidad de buscar caminos profundos y sólidos de entendimiento.
Su visita moviliza los valores del imaginario colectivo religioso o el alma de Chile que interpreta a una gran parte de la sociedad, su mensaje estará marcado por su legitimidad como líder espiritual, moral y desde luego como Jefe Estado y tiene la capacidad, así esperamos, de movilizar la voluntad de los lideres políticos, religiosos, sociales y económicos y de las autoridades tradicionales indígena para generar un espacio de diálogo, negociación y de acuerdo sólido, que permita “cuidar la casa de todos”.
La visión del Papa Francisco de promover el respeto a la diversidad biológica es un marco para promover el respeto de los derechos individuales y colectivos de todos quienes cohabitamos la Región, desde luego los pueblos indígenas quienes demandan llevan más de 200 años esperando un acuerdo justo sobre el cual construir una convivencia pacífica y democrática basada en el profundo respeto a la diversidad de nuestra sociedad, esa es nuestra esperanza.