De manera responsable y transversal he constituido con otros senadores una Bancada Propyme, que nació para quedarse, porque no basta con reconocer el aporte que este sector hace en la generación de empleos. Se requiere una política pública de Estado que estimule las empresas de menor tamaño, que garantice el acceso al financiamiento y elimine las barreras que impiden la libre competencia, especialmente las malas prácticas de las grandes empresas, que gozan de amplia impunidad o de sanciones irrisorias.

El Servicio de Impuestos Internos en el año tributario 2013 registró 988.745 empresas. De la totalidad de empresas el 64% correspondía a microempresa; el 17% a pequeñas empresas; el 3% a medianas; y el 1,52% a grandes empresas. Además, el 43% de los empleos se encuentra en la categoría de MIPYMES y solamente participan en un 16% de las ventas en Chile.

El Informe OCDE y CEPAL (de Políticas de PYMES para el Cambio Estructural, 2013) plantea que las políticas de apoyo a las micro, pequeñas y medianas empresas de América Latina pueden contribuir a elevar la productividad, complementar las economías de escala de las grandes empresas, aportar en la creación de cluster en determinados sectores y reducir la desigualdad social y la pobreza.

El mismo informe detalla que las PYMES pueden aportar en forma significativa al PIB. Mientras que en el OCDE aproximadamente el 60% de la producción es generada por las PYMES, en América Latina el 70% del PIB regional proviene de las grandes empresas.

Las PYMES pueden transformarse en agentes importantes del cambio estructural y del aumento de la productividad. Este esfuerzo requiere de un cambio de enfoque en las políticas públicas hacia las pymes. Para que estas sean efectivas, se necesita una mayor coherencia, articulación y coordinación entre las políticas de infraestructura, la provisión de servicios y las políticas sectoriales. En particular, las políticas en los ámbitos de financiamiento, competencias y formación, sistemas de innovación y difusión tecnológica, y las políticas de articulación productiva pueden ayudar a las PYMES a superar sus barreras.

Es necesario considerar las especificidades sectoriales, institucionales y territoriales. A su vez, su diseño debe de tomar en cuenta la heterogeneidad del conjunto de pymes en la región, ya que sus necesidades y potencial de desarrollo son muy diferentes. Para estas tareas hay que contar con instituciones y financiamiento que sean capaces de liderar procesos complejos y con la flexibilidad para adaptarse a los cambiantes requerimientos del sector productivo.

Revisa las medidas acordadas en la Cumbre PYME